• 20 de octubre 2026 • Daniel López Valencia •
Estamos presenciando una regresión a las prácticas del imperialismo del siglo XIX en el que los imperios ocupaban territorios, rutas marítimas y ejercían la piratería para hacerse de recursos y mermar a sus competidores en un cruento enfrentamiento con otros países capitalistas en expansión. Igual que el siglo XIX, las naciones latinoamericanas están a merced de los deseos del emperador.
Está naciendo una nueva era en la historia de la humanidad en que termina el órden mundial basado en reglas, liderado por la otrora única superpotencia (Estados Unidos), para dar paso a un nuevo periodo histórico (la multipolaridad) en que la alianza estratégica entre China y Rusia le disputan el liderazgo mundial a Estados Unidos: los chinos en lo económico y tecnológico y los rusos en el ámbito militar. También se caracteriza por que la ONU y demás instituciones creadas para preservar la paz y el derecho internacional ya son inoperantes.
Esta transformación se caracteriza por la pérdida de hegemonía de Estados Unidos, que está viendo alejarse aquellos tiempos en que disponía de todos los recursos del mundo, especialmente del petróleo, del que tiene una dependencia estratégica, ya que consume más de 20 millones de barriles de petróleo diariamente. Los hidrocarburos son vitales para realizar la reindustrialización que propone Donald Trump para recuperar la economía de EE.UU. (MAGA). Sin embargo, este país ya no dispone de estos de forma exclusiva pues ahora China, que es la mayor economía en el planeta (en 2024 su consumo fue de 16 millones de barriles diarios), mantiene un ritmo de crecimiento imparable, lo que está provocando una reconfiguración de la economía mundial y del comercio.
La doctrina Monroe 2.0 fue la respuesta de la administración Trump a la situación de desventaja estratégica que enfrenta Estados Unidos en el nuevo contexto multipolar.
El 5 de diciembre pasado, la administración Trump publicó su Estrategia de Seguridad Nacional, en la que retoma la Doctrina Monroe para América Latina y el Caribe y agrega el “corolario Trump” donde establece la cooperación con gobiernos regionales para combatir y derrotar narcoterroristas, denegar la presencia militar hostil (exclusión de competidores extranjeros, dígase China y Rusia), control de activos estratégicos (petróleo, oro, plata, litio, cobre, etc.) y condicionalidad de la ayuda (el apoyo estará sujeto a que los países receptores reduzcan la influencia de adversarios extranjeros).
Los ataques a presuntas narcolanchas, el robo del buque petrolero de PDVSA y el secuestro de Nicolás Maduro responden a esta estrategia. Reafirmar su dominio sobre Latinoamérica y el Caribe y expulsar a China de este territorio. Trump lo expresó sin tapujos, “lo hicimos por el petróleo”.
Venezuela cuenta con las mayores reservas de petróleo que equivalen al 17.8% del total mundial (300 mil millones de barriles, mayores que las de Arabia Saudita) y los gobiernos chavistas impidieron que este fuera explotado por las grandes corporaciones petroleras anglosajonas. Sin embargo, las inversiones petroleras están acaparadas por los grandes bancos y compañías petroleras, y nunca han estado conformes con que las explote un país soberano de acuerdo a sus propios criterios de desarrollo. No, el petróleo es la sangre del capitalismo y el gran capital internacional lo requiere para realizar sus planes alrededor del mundo.
Pero no sólo es el petróleo lo que al gobierno de EE.UU. le interesa de Venezuela. También tiene importantes reservas de oro, coltán, bauxita, mineral de hierro, etc. El oro tuvo una alza muy importante de 0.95% tras el secuestro del presidente Maduro, por lo que al “hacerse” de las reservas de Venezuela, EE.UU. buscó reforzar la posición del dólar que ha perdido valor al ser desplazado en transacciones internacionales. Sin embargo, esta apuesta podría ser de muy corto alcance, ya que la economía de Estados Unidos tiene serios problemas estructurales.
Estados Unidos enfrenta serios problemas en su economía interna desde la administración Biden en la que la inflación llegó a máximos de 9.1% en el año 2022, lo que ha venido impactando en el poder de compra de la gente. Una vez que Trump asumió el poder hace casi un año, prometió rescatar la economía con el Make America Great Again, pero la política arancelaria ha tenido un efecto negativo en la inflación interna y la reindustrialización no ha marchado como lo prometió. Esta situación puede llevar a Trump a una derrota en las elecciones intermedias del próximo año y elevar la presión interna al grado de volverlo a llevar a un nuevo impeachment.
La jugada del petróleo y el oro busca dar un paliativo al dólar y a la economía del hegemón, sin embargo puede no tener el efecto deseado por Trump. Como han adelantado varios «expertos del sector». Las grandes empresas energéticas estadounidenses se resisten a invertir fortunas en un país que podría verse sumido en el caos total si Trump impone un gobierno traidor a más de 28 millones de personas.
El asalto a Venezuela también buscaba recortar el suministro de petróleo a su principal competidor: China. Sin embargo, Venezuela no era tan importante en el tablero geopolítico, ya que solo representaba el 4% de las importaciones de petróleo de China. Irán, de hecho, es el caso crucial, ya que el 95% de su petróleo se vende a China y se liquida en yuanes, no en dólares estadounidenses.
Regresión histórica al imperialismo crudo del siglo XIX
Estamos presenciando una regresión a las prácticas del imperialismo del siglo XIX en el que los imperios ocupaban territorios, robaban sus recursos, esclavizaban y asesinaban a la población porque podían y por la competencia descarnada con otros países capitalistas en expansión.
En ese sentido, la multipolaridad se expresa como una repartición del mundo en zonas de influencia, sin embargo, con la intervención de EE.UU. en Venezuela, la tonalidad de esa repartición se torna más arbitraria y violenta. En un escenario más violento estaríamos esperando que Rusia y China hagan lo mismo con sus respectivas zonas de influencia como Ucrania, Europa y Taiwán. Para los países de ALC, el escenario es oscuro ya que no estamos presenciando la intervención de Rusia o China (todavía). Pero se puede esperar que EE.UU. haga lo mismo con todos los países que no estén alineados con su política, desestabilización a través de los medios de comunicación, financiamiento a partidos de oposición y a movimientos golpistas, intervenciones armadas directas.
El otro escenario en el que Rusia y China intervienen también es adverso, ya que los países se convertirían en territorio de disputa como en los años de la guerra fría.
De igual manera, en los siguientes años la demanda de minerales para fabricar las tecnologías necesarias para esta transición, tales como el cobre, litio, níquel, plata, molibdeno, zinc, aluminio estaño, plomo y hierro crecerá impulsada por una mayor sustitución de equipos de generación y uso final de la energía. Según la Organización Latinoamericana y Caribeña de Energía, la región posee reservas importantes de todos estos metales, y posee el 60% de las reservas mundiales de litio y el 40% de las de cobre, metales cuya demanda podría aumentar de 3 a 4 veces su demanda actual, hacia el 2050.
El control de los recursos de Latinoamérica significa una ventaja en la competencia entre los grandes capitales mundiales y sus Estados. EE.UU. considera estos recursos como su salvavidas para entrar en un nuevo ciclo de acumulación capitalista, y lo piensa hacer mediante prácticas típicas de los imperios coloniales de siglos pasados como la Gran Bretaña: la piratería, la patente de corso y el poder absoluto del monarca sobre la ley internacional.
¿México está en riesgo real de ser intervenido?
EE.UU. agotó sus reservas de petróleo convencional en el Golfo de México y planea apoderarse de las reservas de México. De hecho ya las tiene, ya que existen casi 100 contratos con empresas petroleras que no producen petróleo actualmente, pero las condiciones están dadas y no hay nada que los detenga de hacerlo. El gobierno de México ha adoptado una política de utilizar su petróleo para satisfacer la demanda interna y dejar de importar combustibles, lo que entra en contradicción con la política de Trump.
Trump ha reclamado a México que la reforma energética reciente favorece a las empresas nacionales y no a las de Estados Unidos, por lo que se prevé que aumente la presión sobre México para entregar su petróleo y abra de nueva cuenta su sector eléctrico, sobre todo en el ramo del gas natural.
En 2026 se realizarán las rondas de revisión del T-MEC. En los meses de febrero y abril del año pasado, en el contexto de la “guerra arancelaria”, Trump se refirió al T-MEC diciendo que México y Canadá se habían beneficiado más que Estados Unidos y que estaban valorando salir del tratado. En últimas fechas, ha circulado en los medios un presunto caso de colusión de funcionarios mexicanos que entre 2015 y 2019 participaron en una red de reventa de petróleo venezolano, el cuál fue sancionado por EEUU para presionar y debilitar al régimen chavista. El nombre del actual secretario de economía de México, Marcelo Ebrard, sale entre los involucrados. ¿Presión antes de negociar?
Según el analista Lorenzo Meyer, este episodio afecta a México con una pérdida de soberanía ya que carece de fuerza militar para enfrentar una intervención armada de Estados Unidos y es vulnerable a los ataques de fake news que produce su enorme aparato de propaganda. Además, tenemos una dependencia energética crítica de combustibles importados a este país, ya que México importa el 70% del gas natural que consume y el sistema eléctrico depende de este insumo para su funcionamiento.
El riesgo de que EE.UU. intervenga en México es real, la guerra contra México es real, pero está tomando la forma de una guerra híbrida. México no es Venezuela, es más difícil de invadir y el nacionalismo del pueblo de México es una barrera invisible pero real, no se han olvidado las afrentas de Estados Unidos, como la pérdida de más de la mitad de su territorio y el asesinato del presidente Madero, entre muchas otras.
¿Qué opciones reales tienen México, los estadounidenses, Latinoamérica y el mundo?
La unión de los países latinoamericanos en torno a sus intereses comunes y en contra del imperialismo de Estados Unidos se aprecia improbable en el corto plazo, ya que la región está más dividida que nunca, con gobiernos como el de Argentina, Chile, Perú y Ecuador que se han manifestado en apoyo a la intervención en Venezuela.
Los países con gobiernos progresistas no tienen proyectos energéticos conjuntos y la posibilidad de ello luce difícil con EE.UU. acaparando el petróleo y la minería de nuestro continente.
La debilidad principal del gobierno de Estados Unidos es la oposición de sus ciudadanos, las protestas han tomado un nivel de guerra civil. El problema interno de Trump difícilmente podrá resolverse con una guerra afuera. En las calles el pueblo norteaméricano grita “No justice, no peace! Out ICE of New York,… Chicago,… Los Ángeles! Americans are inmigrants! No Kings! No dictators in the US! Hands off our democracy and our rights!”
El fin del sueño americano puede ser el inicio de una nueva historia, una historia sin la hipocresía del imperio del caos y las mentiras. ¿Power to the people?