Reflexiones sobre el humanismo mexicano

México • 29 de febrero de 2024 • Felipe Soto

La manera en que está estructurada y organizada la economía y la sociedad en torno a las relaciones de producción entre todos los actores económicos, así como la interdependencia entre estos y la forma en que el Estado gestiona estas relaciones es lo que podría llamarse un sistema económico. A lo largo de la historia han surgido, se han modificado y caído diversos sistemas económicos que, con sus particularidades, pueden ser comparados y distinguidos en sus aspectos fundamentales, que reflejan intereses económicos y políticos en los ámbitos nacional e internacional y que, en la medida y forma en que se interrelacionan, definen las características de un sistema económico en particular.

En términos generales, y atendiendo a sus fundamentos, se habla de un sistema capitalista sustentado en principios de propiedad privada, libre participación de las empresas de capital privado en mercados desregulados y ausencia del Estado en la fijación de precios, que son regidos por la oferta y la demanda. Un sistema socialista planifica centralmente la actividad económica, privilegia, estimula y protege la propiedad colectiva, los precios son fijados por el Estado con criterios de beneficio social y el mercado está regulado. El sistema de economía mixta promueve la participación de las empresas con criterios de mercado –este regulado por el Estado– y de acuerdo con el marco jurídico, o con participación de las empresas paraestatales en áreas estratégicas, ya sea totalmente del Estado o en coparticipación con empresas privadas o sociales. Si bien estas características son básicas para cada sistema, la realidad es que cada uno de ellos se comporta con elementos que se van adicionando, y adquiere entonces atributos particulares que hacen que existan diferencias dentro de cada sistema.

El devenir de las experiencias y resultados en el funcionamiento de los sistemas económicos tradicionales ha llevado en forma pragmática, más que conceptual, a prácticas que podrían ser novedosas. Quizás es en China donde se esté conformando un sistema económico fundamentalmente distinto, pero aún no está claro si es un sistema económico socialista de mercado o un sistema capitalista de planificación centralizada.

En México, el modelo capitalista de corte neoliberal aplicado desde hace casi cuatro décadas como la panacea para el crecimiento y desarrollo del país se ha venido minando a partir de 2018 debido a las decisiones tomadas desde los poderes Ejecutivo y Legislativo, que, de consolidarse, transformarían el sistema económico capitalista de corte neoliberal en uno nuevo y distinto. Este conjunto de decisiones –tanto las que han llegado a concretarse como otras que se han visto frustradas– se dice que tienden a conformar un sistema económico distinto, al que se le ha denominado “humanismo mexicano”. La conformación de un sistema económico implica un largo proceso que depende de la fuerza y poder de las estructuras creadas en el sistema anterior, así como del poder social que se tiene para crear una nueva ideología y las instituciones que salvaguarden una nueva organización de la sociedad.

Hasta este momento en México el llamado “humanismo mexicano” solo se puede interpretar como el inicio de un proceso de sustitución del anterior régimen. Por ello, y con el propósito de identificar sus características pragmáticas que pudieran contribuir a dar cuerpo teórico conceptual, es que se hacen algunas reflexiones respecto a dicho proceso.

Con apenas cinco años del triunfo democrático del Movimiento de Regeneración Nacional se han hecho desde el gobierno declaraciones, se han tomado también decisiones y se han presentado iniciativas para introducir ajustes al marco jurídico, incluyendo ajustes a la Constitución, que podrían prefigurar un nuevo perfil de lo que podría ser un nuevo sistema económico para México: el humanismo mexicano.

Es el titular del Ejecutivo federal quien ha formulado algunos principios que caracterizan lo que ha llamado humanismo mexicano; son realmente sus propuestas pragmáticas reflejadas en sus iniciativas a la Cámara de Diputados y en el uso de otras vías institucionales las que podrían dar cierta luz respecto a lo que sería su instrumentación, tanto a través de ajustes a la Constitución como mediante las atribuciones del propio Ejecutivo federal para emitir decretos y acuerdos.

Los principios señalados por el Ejecutivo federal abarcan en mayor o menor medida aspectos políticos, económicos y sociales; retoma además principios culturales e históricos que aluden al comportamiento solidario de las sociedades prehispánicas y al espíritu social contenido en la Constitución de 1917 derivado de la lucha armada revolucionaria.

Sin embargo, el pragmatismo empleado, si bien perfila lo que podría ser un nuevo sistema económico, no define claramente qué tipo de sistema económico se está construyendo, ya que en la práctica comparte principios de modelos tradicionales, según O. Ianni,[1] como el capitalismo dependiente, el capitalismo nacional o autónomo, el socialismo reformista y en mucha menor medida el socialismo revolucionario.

En estos escenarios se pueden identificar algunos rasgos de dichos modelos en lo que va de la gestión del gobierno en el último lustro. Por ejemplo, aún se siguen manteniendo rasgos del modelo capitalista dependiente, ya que hasta ahora se acepta que el desarrollo económico depende de las relaciones de complementariedad e interdependencia de la economía mexicana, principalmente por las exigencias de las cadenas de valor globales impulsadas por el neoliberalismo y, especialmente, de las cadenas de valor bilaterales con EUA. Si bien esta relación promueve en forma pragmática la economía, ciertamente atenta contra un desarrollo autónomo, ya que esta dependencia pone en riesgo la soberanía nacional en virtud de que no se tiene el control de lo que puede suceder en la economía estadounidense. Está demostrado que las crisis económicas en el país del norte han afectado a la economía mexicana; adicionalmente, la dependencia se ve agravada con el modelo neoliberal adoptado en México por los gobiernos anteriores, ausente de una política industrial propia, sin un desarrollo tecnológico relevante y con el país sometido a presiones limitativas derivadas de la firma, primero, del TLC, y actualmente del Tratado México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). Sin embargo, en el gobierno actual han disminuido estas presiones, sin desaparecer totalmente, así como los privilegios de la burguesía subalterna que se benefició de la corrupción y el tráfico de influencias empleados para abrir la puerta indiscriminadamente a las empresas extranjeras.

[1] Octavio Ianni, Sociología del imperialismo. SEPSetentas. 1974 [Traducción de Claudio Colombani y Jaime Labastida].

Quizás donde más se ha avanzado es en algunas decisiones compatibles con el sistema capitalista nacional, que, sin eliminar la predominancia del capitalismo dependiente, recupera principios del espíritu nacionalista de la Constitución de 1917, pero sin alcanzar totalmente a resolver las contradicciones de las relaciones con el país dominante, en este caso Estados Unidos; empero, se han tomado decisiones que no se dieron en gobiernos neoliberales en los últimos 36 años. La oligarquía vinculada a intereses extranjeros del capitalismo neoliberal está enfrentando acciones anticorrupción, un importante esfuerzo en el combate al fraude fiscal y al derroche de recursos públicos, pero principalmente se llevan a cabo distintas acciones orientadas, por una parte, al rescate de las empresas públicas como la CFE –con la compra de centrales de generación de energía eléctrica a la española Iberdrola– y Pemex –con la recuperación de concesiones otorgadas anteriormente a empresas extranjeras–; por otra, se crearon nuevas empresas estratégicas del Estado, como la empresa Litio para México, la del Tren Maya, las empresas aeroportuarias y de puertos marinos; también se ha creado infraestructura pública con la participación del ejército.

Estas funciones del Estado le permiten una mayor participación directa en los mercados, tema impensable en los gobiernos neoliberales que prevalecieron durante más de tres décadas y que –por el contrario– cedieron estas importantes funciones al sector privado nacional y extranjero.

La gestión del gobierno emanado del Movimiento de Regeneración Nacional en 2018 también muestra algunos elementos propios de un sistema que, sin romper con el sistema capitalista, ha dejado ver intenciones de distribución de la riqueza mediante diversos programas sociales, algunos de ellos incorporados a la Constitución. Aunque sin un contexto explícito, más que con el enfoque declarado como humanista, las medidas adoptadas están orientadas a privilegiar el mejoramiento de las condiciones económicas de los grupos de población más desprotegidos (“primero los pobres”); para ello se hace un uso más racional del ahorro obtenido mediante una práctica de austeridad en el gobierno y el combate a la corrupción, de los recursos obtenidos por la recaudación de impuestos que no se habían pagado y de los recursos incautados a grupos de la delincuencia organizada.

La disponibilidad de recursos en el gobierno ha dado lugar a programas sociales y de asistencia pública. En este contexto, podría decirse que es un proceso que de alguna forma podría transformar, en ciertas áreas, el ya viejo sistema, y en forma paulatina la manera en que se han venido aplicando los ejes del capitalismo en México. Cabe destacar que este proceso de transformación se ha estado llevando a cabo sin recurrir a los actos violentos que caracterizan a un sistema socialista revolucionario que se instala en un corto plazo rompiendo todas las estructuras de dependencia que se dan tanto en el capitalismo dependiente como en el capitalismo autónomo, según corresponda.

Como puede apreciarse, la forma en que se está gestionando el llamado sistema humanista mexicano no define un sistema o modelo económico que encaje totalmente en la definición de los sistemas tradicionales, ya que hasta el momento las acciones emprendidas solo pueden considerarse como un proceso de transformación no completamente formado, y las decisiones que se tomen en el futuro darán luz sobre el tipo de sistema que caracterizará el desarrollo de México.

En el examen de los sistemas económicos generalmente prevalece el análisis de las relaciones internas entre los agentes económicos y sociales, así como entre estos y el Estado. En cambio, no se le da la misma importancia estratégica a la conducción de la política internacional, aun cuando esta forma parte esencial en el funcionamiento de los sistemas económicos. Como señala Juan Mendoza Sánchez,[2] durante el periodo posrevolucionario, considerado hasta principios de la década de 1970, la política internacional de México correspondió al sistema económico cifrado en el mercado interno; impulsado por el poder y el control del Estado por un sistema presidencial, no fue necesario que dicha política promoviera la inversión extranjera, ya que las instituciones públicas fomentaron las actividades económicas y los servicios financieros mediante la inversión pública, así como la inversión privada de capital nacional y de capital social. Aunado a ello, a México no le interesó enemistarse con Estados Unidos durante el periodo de la guerra fría –por su cercanía y relación con la potencia que representaba EUA– y, por tanto, se mantuvo una política exterior que privilegió una actitud pacifista ante un posible conflicto internacional que impidiera la consolidación del sistema capitalista nacionalista o autónomo.

[2] Juan Carlos Mendoza Sánchez. Cien años de política exterior mexicana. De Francisco I. Madero a Peña Nieto. Momentos trascendentes. , México, Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México y Grupo Editorial Cenzontle, 2014.

Es por ello que, en el proceso de cambio del sistema económico que plantea el humanismo mexicano, es imperativo considerar la política internacional porque, cualesquiera sean las decisiones que se tomen en este ámbito, definirá los atributos del sistema económico mexicano.

En el momento histórico que está viviendo México al iniciar un proceso de transformación de su sistema o modelo económico, es inevitable enfrentar los resabios del modelo capitalista neoliberal, definido para México como un sistema económico de capitalismo dependiente que construyó todo un andamiaje jurídico-legal para asegurar y privilegiar el funcionamiento de dicho capitalismo subordinado a la hegemonía de EUA. Es por ello que el camino de la transformación enfrentará riesgos que, de no prevenirse y enfrentarse, podrían no solo obstaculizar el cambio de paradigma, sino que podrían reforzar el modelo que se quiere abandonar, y en consecuencia se perdería la oportunidad de instaurar ese nuevo sistema que hasta ahora se conoce como humanismo mexicano. Uno de los riesgos inminentes es apostar de manera indiscriminada para el desarrollo del sector industrial solo a la atracción de inversiones con base en la relocalización de las industrias de EUA desde Asia a México, –el nearshoring.

La infraestructura física y energética debe estar enfocada primordialmente en dar respuesta a las demandas internas de acuerdo con el desarrollo autónomo, y no de manera determinante a la satisfacción de demandas y exigencias de una economía de exportación de las mercancías producidas por las empresas extranjeras, ya que la volatilidad de los mercados en los que se sostienen representa riesgos, por no ser una variable controlada por México, lo que genera incertidumbre y una alta vulnerabilidad.

Es imperativo impulsar un proceso acelerado de reindustrialización soberana que incluya la asignación oportuna y suficiente de recursos públicos para desarrollo tecnológico en áreas estratégicas, para cerrar la brecha con las tecnología externas y reducir la dependencia con el fin de garantizar un desarrollo planificado y soberano de largo plazo que no esté sujeto a la vicisitud de la guerra tecnológica entre países hegemónicos –esto podría debilitar la economía de EUA y, en consecuencia, propiciar una ralentización de la actividad de las empresas relocalizadas–. De no hacerse esto, no será posible fortalecer un modelo distinto del neoliberal, que es hacia donde se quisiera orientar el humanismo mexicano.

Es indispensable el fortalecimiento del mercado interno para satisfacer las demandas básicas, de mediano y largo plazo, de mercancías alimentarias, industriales y de servicios antes que satisfacer las inestables demandas del mercado externo. No es lo más conveniente basar el desarrollo de la economía nacional preponderantemente en el mercado del vecino del norte y abandonar el mercado interno, ya que esto también profundizaría una dependencia comercial externa riesgosa por su alto grado de volatilidad ante eventos de geopolítica, los propios del sistema capitalista e incluso eventos naturales contingentes.

Este fortalecimiento obligadamente requiere pasar por políticas de Estado de desarrollo científico y tecnológico para la reindustrialización, la eficiencia productiva del campo y de los servicios públicos; desde luego, es imprescindible definir y reforzar la función directa del Estado en áreas estratégicas y su papel de coordinador con empresas privadas y sociales de capital nacional cuyos objetivos sean compatibles con los propósitos de un proceso transformador, como pretende el humanismo mexicano.

La política internacional debe favorecer preponderantemente el desarrollo económico soberano, ya que enfocarla solo como apoyo sustantivo para garantizar la inversión extranjera sustentada en intereses privados contribuye a fortalecer el modelo neoliberal que se quiere abandonar. En consecuencia, la política internacional de México requiere ser planificada para defender los intereses de un Estado enfocado en garantizar la sustitución del modelo neoliberal. Esta planificación requiere una estrecha coordinación con un marco jurídico de escala constitucional compatible para defender las normas a las que deben sujetarse las empresas extranjeras, por ejemplo, evitar que no paguen impuestos en México y evitar sobornos y fraudes fiscales; obligatoriedad de transferencia tecnológica y contenido nacional; normas de protección al ambiente, leyes laborales en cuanto salarios y protección al trabajador; normas para orientar la presencia de empresas en regiones prioritarias; dotación de infraestructura física de energía y servicios públicos determinados por los planes y condiciones del sector público, entre las normas y regulaciones establecidas en un nuevo marco jurídico.

Esta política internacional requiere también atender la evaluación crítica de la compatibilidad o no de los tratados comerciales como los firmados –primero el TLC y actualmente el T-MEC– respecto al proceso de transformación iniciado a partir de 2018, ya que estos tratados se crearon como instrumento del modelo neoliberal dominado por EUA. De igual forma es relevante evaluar otro tipo de tratados, acuerdos y convenios multilaterales y plurilaterales, que son parte de los mecanismos que se crearon para soportar el funcionamiento de la economía global inherente al modelo neoliberal mundial; la evaluación crítica abarcaría no solo los mecanismos de tipo económico sino también de cualquier otra categoría que limite u obstruya las decisiones soberanas del Estado para el avance de la transformación del sistema económico de México.

Finalmente, y sin que se agote el tema de las directrices que podría tomar el humanismo mexicano frente a su proceso de transformación, es importante fortalecer un sistema de planeación integral que guíe las decisiones del Estado, de su marco jurídico normativo y de sus políticas públicas en cada uno de los temas sustantivos en materia de política, de economía y desarrollo social, compatibles con el propósito de superar el modelo neoliberal que dejó tanta desigualdad, pobreza y dependencia limitante para la construcción de un sistema o modelo que vaya eliminando consistentemente y en la mayor medida posible el peso de los intereses y estructuras del modelo neoliberal padecido desde hace ya casi cuatro décadas en México.

Habrá que esperar las decisiones que se adopten en las siguientes administraciones en todos los ámbitos y cuáles podrían ser sus consecuencias, para analizar cómo se perfila en el mediano y largo plazos el sistema humanista mexicano.


[1] Octavio Ianni, Sociología del imperialismo. SEPSetentas. 1974 [Traducción de Claudio Colombani y Jaime Labastida].

[2] Juan Carlos Mendoza Sánchez. Cien años de política exterior mexicana. De Francisco I. Madero a Peña Nieto. Momentos trascendentes. , México, Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México y Grupo Editorial Cenzontle, 2014.

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